PRE-SCRIPTUM
Lanzar una mirada a ras de suelo
para sentir el aliento de las reses trashumantes
beber la convulsión del invierno
depurar el hueso al reluz del verano
y dices digo algo palabras
sueltas
como piedras que aguardan
¿aguardan qué ?
dime lo qué debo decir
dónde coincidir dónde.
La casa está vacía, las escobas parecen árboles
respiran el vacío
el rastro de piedras hacinándose
desnudando tu cuerpo de cansancio.
No es una muerte lenta
es una muerte desde la infancia.
Habrá ley y orden en este país.
Envenenaremos la tinta del dinero.
Me mantengo en una tachadura, aguanto
el espejo como una báscula
de ceniza,
recojo el acordeón
-szünet-
y aprieto los huesos,
tu cuerpo asesinado es trasparente y lleno de risas
¿quieres taparlo ?
pero el requisito acoge el erizo
con la mano abierta, comiendo de su vientre
la resurrección, la concha le queda pequeña
hasta la siguiente corrección analógica
engendrar
la
copia
otra
cosa
el rostro siempre es una regla, una iluminación caótica
un autorretrato
que sobrevuela un mar de nubes
satisfecho torna calmado por el polvo de las estrellas
hasta el tegumento que habitan insectos y gusanos
y las conchas egóicas
–de
paso
el cielo parece no querer nunca preguntar
ni mancharse por los límites,
el cielo sólo es cielo en su caída
en esa larga ocultación de lo que soy
¿pero qué soy ? Yo, dije.
Una raíz germina hasta el vértigo y grita
para no perder pie y no cesar de fluir a la vez.
Tormentas
de tierra preñando la nostalgia.
Vacilo al decir yo, caigo sobre la ruina impregnada
sobre el otro, los otros me abrazan
y no son ni tú ni yo
sino la totalidad
resonante al rutilar el caparazón.
3 comentarios:
Al leerte veo como las casas se vacían, fotos y dibujos se difuminan, el sonido del silencio se intensifica, esa música que lleva de la mano el silencio y que percolará los más ínfimos poros de la estancia. Hasta la silla de la cocina emitirá silencio cuando alguien se siente en ella. Las palabras vibran vacías y las escrituras vaporosas lloverán dolorosas algún día, en el futuro. En el meandro de la vida. Y a todo ello el cielo aguarda, suspendido por nuestra voluntad, por el temor a su desplome, aunque lo ansiemos e invoquemos a gritos, le susurramos que se mantenga. Que algo permanezca inmutable mientras abrimos nuestras carnes buscando el viento que somos. Y al final me quedo escuchando el piano que suena a soledad.
Un abrazo Daniel
Tus versos están envueltos en un manto de cristal. Percibes los latidos pero hay algo que te aleja. Con la música todo se tiñe de nostalgia. Un vacío y una gran soledad habitan el poema.
Un abrazo
Todos vacilamos al decir yo. No he visto esa película, pero si te habla a ti supongo que me hablaría también a mí. A cualquiera que vacilemos al decir Yo.
Gracias, cc.
Publicar un comentario